En ocasiones merece la pena pararse en seco y pensar que es lo que hemos conseguido en la vida, si el rumbo que llevamos es el correcto y si merecen la pena todos los esfuerzos que hacemos para que todo vaya bien en nuestras vidas.
Sobre todo cuando te pasas la vida trabajando para poder vivir bien, cuando tienes problemas para llega a fin de mes o cuando no puedes comprar aquello que te gustaría tener por qué no te llega el sueldo.

En este sin vivir estamos la mitad de la población española, por suerte mi marido que llevaba en paro desde hace un año ha encontrado trabajo en Tarragona, nosotros vivimos en Córdoba así que estamos un poco en estado de shock. ¡Nos mudamos! Y no es cualquier cosa, es una mudanza en toda regla, con muebles y ropas y niños y perro y periquito, todos para Tarragona. Sabemos que el cambio va a ser brutal pero hay que adaptarse a los tiempos y saber aceptar lo que nos depara el mañana.

Mi marido se ha ido de avanzadilla para alquilar un apartamento allí, por suerte la empresa le da muchas facilidades y le cede un piso en el centro que es ideal para nosotros con tres dormitorios dos baños y terraza, mi marido ya esta manos a la obra amueblando el piso, hasta se ha puesto en contacto con una empresa de cesped artificial tarragona para instalarlo en la terraza y darle un aire de patio andaluz con sus macetas colgadas y todo. El pobre hace lo que puede y sobre todo se esmera en que todo esté a nuestro gusto y que nos adaptemos pronto.

Tal y como están las cosas hay que ir donde está el trabajo y si para poder vivir dignamente tienes que desplazarte cientos de kilómetros y cambiar el rumbo de tu vida, pues hay que echarse la manta a la cabeza y llevarlo lo mejor posible, además Tarragona es muy bonito y estoy segura de que tanto los niños como yo nos integraremos muy bien en la nueva ciudad, los niños no tendrán problema con el cole porque son muy sociales y enseguida se adaptan a los cambios, yo sin embargo lo pasaré un poco peor porque dejo en Córdoba todo, mi familia, mis amigos, mi trabajo… pero ¿Quién dijo miedo? Afrontaremos los cambios con ilusión y valentía.

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